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Palabras de Cándida Montilla al recibir el título Honor al Mérito por la Universidad Tecnológica de Santiago (UTESA)

Palabras de Cándida Montilla al recibir el título Honor al Mérito por la Universidad Tecnológica de Santiago (UTESA)

Cuando me entregaron la carta que me comunicaba mi elección para recibir un Honor al Mérito por esta Universidad, sentí un profundo agradecimiento, pero, también, el peso del compromiso con las valoraciones que la colectividad dominicana hace de nuestro trabajo al frente del Despacho de la Primera Dama. 

He dicho en otras ocasiones, y me place repetirlo ahora, que llegué al Despacho imbuida de un gran entusiasmo y de una poderosa fuerza. La mano de Dios me había conducido al lugar justo para ser útil a los demás de manera mucho más efectiva que lo que pude hasta entonces como persona individual.

Llegué con mis prioridades claras. La niñez, la mujer y la familia son las piezas fundamentales del complejo engranaje de la sociedad. Desatender cualquiera de estas piezas, provoca desperfectos que pagamos con la agudización de males sociales de todo tipo.

Soy psicóloga de profesión, y en mi práctica clínica conocí el dolor de las madres con hijos con condiciones especiales. Un dolor que nacía no de la enfermedad de sus niños, a la que hacían frente con amor y valentía, sino de la carencia de medios para tratarla adecuadamente.

De ahí surgió mi entusiasmo con la idea de crear un centro especializado en el tratamiento y rehabilitación de los niños y niñas, de cero a diez años de edad, con problemas del espectro autista, síndrome de Down y parálisis cerebral.

Hoy por hoy, el Centro de Atención Integral para la Discapacidad es internacionalmente reconocido por su excelencia profesional, la actualización de vanguardia de las terapias que aplica, por su equipamiento de punta y por el enfoque humano impreso al proceso de rehabilitación de los infantes.

Todos estos beneficios para los niños y niñas con las condiciones especiales señaladas, han sido extendidos a Santiago y San Juan de la Maguana, y muy pronto formarán también parte de las oportunidades de atención en Santo Domingo-Este.

Nos hemos empeñado también en atender las necesidades de las mujeres en aspectos esenciales para el disfrute de una vida plena y fructífera. Por eso, los servicios de salud que ponemos a su alcance, sobre todo de las más pobres, tienen como correlato nuestra lucha por el buen trato familiar y de género y el fomento de una cultura de paz.

La atención a estos dos grupos prioritarios en nuestros programas incide de forma determinante en el bienestar de la familia. En el Despacho de la Primera Dama prima la convicción de que para lograr una familia sana tenemos que garantizar que cada uno de sus miembros lo sean.

No solo sanos físicamente, sino emocional, social y psicológicamente. Una condición que es posible de forma única cuando el amor, el respeto, la solidaridad y la tolerancia pautan las relaciones personales y familiares.

Recibo este reconocimiento con agradecido orgullo y, al mismo tiempo, con el pensamiento y el corazón puestos en el extraordinario equipo de gente comprometida que cada día hace posible el trabajo del Despacho de la Primera Dama.

Desde el Despacho de la Primera Dama continuaremos arrimando el hombro a la solución de los problemas de la población vulnerable dominicana. Sin estridencias que no nos corresponden, pero con tesón y fe.

Muchas gracias a los miembros de la Junta del Senado y a de la Junta Universitaria por el honor con el que me distinguen. Frente a ustedes reitero mi compromiso y el de mi equipo de no desmayar en la lucha por un país cada día mejor.

¡Que Dios les bendiga!



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